Monday, May 15, 2006

Érase un gato en Portbou


Me fuí en tren a Portbou. Que resultó ser un recodo a tres kilómetros de Francia. Con una iglesia desmesurada, gótica y pomposa, y una estación inmensa fantasmal a la que sólo llegan trenes regionales. Pero los andenes se hallan protegidos por una inmensa estructura de acero y cristal. Y de esa estación medio vacía se sale por una escalera que da a un jardín recoleto con una escultura de 1922, y varias enrredaderas florecidas. Pero me lío para salir de la estación donde hay un siniestro convoy de mercancías, más de doce vagones entoldados que quién sabe lo que ocultan. ¿Serán desechos radioactivos?. Y en la estación no hay nadie, lo que se dice nadie, excepto un señor sordo y distraido en las proximidades de los lavabos, limpios y desiertos. Para salir de la estación uno tiene que seguir unas equívocas flechas que al final desembocan en un jardín,fresco y soñoliento. Llego casi a la hora de comer, pero pregunto como se va al centro, y quien me responde me aclara que estoy en el centro, una calle arbolada con plátanos, varias tiendas de recuerdos y abanicos, bolsos, muñecos, trajes de flamenca.
Y entonces veo a mi gato de Portbou, que era mi secreto objetivo. Es una gatita joven, de ojos muy verdes. Desaparece tras darme una mirada de bienvenida.Paseo por la playa que es como un pliegue, una herida donde se juntan las rocas y el azúl serio del agua. Y no hay paseantes. Regreso al restorante que me ha recomendado una señora que iba en le tren. De hecho la señora parece ser parienta de los del local.
Me pido una escalivada y un poco de pescado con chanfaina. Como muy bien. Con muchas ganas. Luego no hay nada más que hacer aquí, ya que la iglesia está cerrada y en la otra catedral que es la estación de trenes tampoco hay movimiento.
Subo al tren que va a Barcelona. Y en veinte minutos, y medio dormida, llego a Figueras. Portbou es un buen lugar para retirarse a escribir un cuento absurdo en que un ladrón de obras de arte se refugia en un caserón con vistas a la estación. Y ve pasar trenes de cercanía.
Todo le va bien hasta que comete el error de explicarle una dirección a una mujer que ha ido en tren desde Figueras, si otra intención que ver cómo era Portbou. La mujer se interesa por ese sujeto y decide averiguar quién es y qué hace allí.